miércoles, 19 de noviembre de 2008

Hijo predilecto

Para muchos, ya sean villamalenses o no, este lugar les ha robado el corazón. Naturaleza, tranquilidad, ocio… este paraje concentra toda una serie de características que lo hacen especial para todo aquel que lo pisa.
Se trata de San Antón, un lugar que esconde todas las maravillas que la naturaleza guarda en Villamalea. Está a tres kilómetros de la población y su principal belleza es la ermita, una singular figura que guarda siglos de antigüedad.

En los difíciles años de la Guerra Civil, este andurrial sólo estaba formado por la ermita y un nacimiento de agua que daba de beber a la mayor parte del pueblo. Esta fuente era un enorme manantial y estaba rodeada de numerosos huertos pertenecientes a vecinos de Villamalea. En aquellos tiempos no se disponía de grifos en las casas, sólo tenían un pozo en cada una de ellas para poder fregar y lavarse y tenían que ir a buscar agua para beber a las dos fuentes que tenía el pueblo. Así, en esos años arduos de escasez de agua, la fuente de San Antón se convirtió en una salvación para muchas familias, ya que las del pueblo se secaban y tenían que bajar andando o en burra a este manantial para coger agua para beber. “Eran tiempos muy duros y bajábamos con los cantaros vacíos para poder coger agua y dar de beber a nuestra familia”, cuenta Urbana Valverde, vecina de Villamalea. “Íbamos pronto a ver si cogíamos agua porque sólo había esa fuente”, añade.
El lugar estaba cuidado por una familia que vivía en la parte de atrás de la ermita, en una casa perteneciente a la misma estructura. La ermita sólo se abría cuando iban a recoger alguna imagen para subirla a la población.


Afortunadamente los tiempos fueron cambiando y sobre 1960 empezaron las primeras transformaciones del lugar. Se empezó a celebrar la romería en honor a San Isidro, unas de las fiestas mayores de la población (y que más adelante trataré), y el ayuntamiento comenzó a comprar los terrenos colindantes hasta convertirse en lo que es hoy, uno de los parajes más bellos de la comarca.
En cuanto a la custodia, son un grupo de personas conocidas como los santeros los que se encargan de cuidar el lugar y mantener todo en buen estado para todo aquel que quiera visitarlo. Hasta hoy, han pasado ya tres generaciones de santeros por la Hermandad.

En la actualidad se hace misa en la ermita, restaurada en el año 1985, en las fiestas de San Antón (enero) y en las de San Isidro (mayo) y las imágenes de los santos son transportadas en procesión desde el pueblo hasta el paraje. La fuente sigue dando vida a través del agua que nace de su naturaleza y es uno de los monumentos más característicos y bellos que se encuentran allí, pero ya no es la única ya que hay dos más. Además, la antigua casa donde vivía la familia que cuidaba del lugar se ha convertido en almacenes y en un estupendo comedor donde toda persona que quiera puede pedir las llaves a los santeros y disponer de él para cualquier comida o celebración. También cuenta con un parque, una pista deportiva, un circuito de motocross, una zona de barbacoas y un fantástico mirador en el que se puede disfrutar de los paisajes más bellos que la naturaleza de la villa proporciona.


Sin duda, San Antón se ha convertido en un símbolo único, un hijo predilecto de Villamalea, donde poder disfrutar de un día maravilloso.

¡¡Anímense y vengan a visitarlo, están todos invitados!!