lunes, 8 de diciembre de 2008

Del campo a la televisión

En la actualidad las familias se juntan alrededor de la mesa para ver la televisión, se reúnen en la sala de estar para disfrutar de esa serie tan famosa que retransmiten por la noche, o esa película que estrenan. ¡Cómo ha cambiado la vida!

En los años 1960-1970 las familias villamalenses al completo luchaban y trabajaban sin descanso para poder subsistir. La fuente principal de dinero era el campo. Una de las cosechas más tradicionales y bonitas era la del azafrán, de la que hablaré hoy.
En aquellos tiempos su cultivo permitía a muchas familias poder conseguir unos ingresos adicionales a otras actividades agrícolas que llevaban a cabo. Poseían pequeñas explotaciones que ayudaban en la economía familiar.

Frío, sueño, duro trabajo… una serie de condiciones que tenían que aguantar cada mañana para conseguir la riqueza que este cultivo generaba. Quizás se pregunten en qué consistía este trabajo de recolección del azafrán. Para los que ya lo conocen les ayudaré a recordarlo y para los que aún no lo saben, ésta es una buena oportunidad para ello. ¡Presten atención!


La siembra tenía lugar entre los meses de junio y julio, y para ello se hacían unas franjas de unos 20 cm. de profundidad y se iban depositando los bulbos en dos hileras paralelas dentro de cada surco. Posteriormente, una vez sembrado, entre finales de octubre y principios de noviembre se realizaba la cosecha. La rosa, que florece al amanecer, debía permanecer lo menos posible en el tallo ya que se marchitaba, por lo que eran recolectadas entre la madrugada y las diez de la mañana. Ésta se echaba en grandes cestos de pleita y mimbre. “Se echaba en unos cestos grandes para que no se aplastase”, cuenta Ana Lozano, propietaria de un cultivo de azafrán en Villamalea.
Una vez recolectadas, a lo largo del día, las familias se reunían alrededor de la mesa y disfrutaban de la mejor película: separaban los estigmas de la flor (lo que se llama mondar la rosa), que era lo que finalmente se vendía, y después los tostaban en la lumbre (hoguera) en los llamados cedazos harineros, unos utensilios redondos formados por una estructura circular de madera y una base de tela fina de seda. La diferencia es que la película no era retransmitida por televisión sino por el campo y ellos eran los propios actores.

Para un kilo de azafrán, en condiciones para ser consumido, se necesitan 85.000 flores, lo cual da la pauta de lo trabajosa que resulta esta labor. El azafrán pertenece a la familia de las Iridáceas y es la especie culinaria más cara del mundo. Actualmente se utiliza en especies farmacéuticas y como materia colorante en la industria textil, química y alimentaria.

Existen grandes diferencias entre el azafrán de ‘La Mancha’ al del resto del mundo, debido al proceso tradicional de monda y de tueste de manera natural, que hace que con el estigma del azafrán no se mezclen otras partes de la flor, como ocurre con los azafranes del resto del mundo. Este proceso provoca un poder colorante y aromático de un 40 o 50% por encima de cualquier otro azafrán del mundo. Todos estos factores hacen que el azafrán de Castilla-La Mancha tenga un precio muy superior al del resto del mundo, lo que hace que le sea muy difícil competir con el resto. Concretamente, el azafrán de la región puede alcanzar un precio de 1.100 o 1.200 euros por kilogramo.



Desafortunadamente, se teme por su desaparición. Pocas son ya las familias que mantienen cultivos de esta especie y las ventas se han dispersado entre comerciantes y almacenistas que lo preparan para la venta y exportación.

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