lunes, 17 de octubre de 2011

En el corazón de La Mancha

Bueno, bueno y bueno... cuánto tiempo sin escribir en este espacio. ¿Que tal están? Espero que bien. Hoy les dejo una líneas que escribí hace ya algún tiempo sobre la plaza de la iglesia de nuestra localidad. Espero que les guste. Ahí van!

Son las siete de la tarde, los rayos de sol muestran su debilidad colándose entre las casas que rodean la ‘Plaza de la Iglesia’ de Villamalea, una localidad de 4.000 habitantes situada en ‘La Manchuela’ de Albacete, en la comunidad autónoma de Castilla- La Mancha.
La iglesia ‘Nuestra Señora de la Anunciación’ da el punto de color a este lugar donde cada día pasan numerosas personas. Con enormes puertas de madera y ladrillos que marcan el paso del tiempo, este edificio abarca la mayor parte de la plaza. En una de sus paredes luce una señal que indica la dirección de la ‘Ruta de la Lana’ del Camino de Santiago. Este camino une la ciudad de Alicante con la de Burgos, donde se une con el ‘Camino Francés’, y recorre la provincia de Albacete desde la localidad de Almansa hasta Villamalea.

Las campanas se hacen notar en la población, dan las siete y las numerosas palomas que allí reposan vuelan raudamente hacia el símbolo natural de este lugar: un enorme pino que sobresale por encima de muchos de los hogares que alrededor se observan. Esta belleza natural tiene más de 200 años y viste su cuerpo acorde a cada época. En Navidad, la alegría lo inunda de luces y regalos; la nieve tapa su verdor en el frío invierno; y en otoño muestra su cara más triste ante la caída de sus finas pertenencias.
Entre las viviendas que rodean la plaza, resalta un alto edificio de pisos que hace sombra a la iglesia. En uno de sus balcones una mujer riega sus plantas que destacan por sus hermosas y coloridas flores.
El agua que cae de lo alto de la fuente, que decora el centro de la plaza, trasmite tranquilidad, pureza, frío. Una pareja de palomas reposa en sus costados y los pájaros armonizan el ambiente con su bonito canto. El débil viento que se empieza a hacer notar mueve el agua hacia uno de los lados salpicando a las personas que en sus lados se apoyan.
El frío viento ondea las banderas que el edificio del ayuntamiento sostiene en su balcón.
Situado al fondo, frente a la iglesia, éste muestra un panorama activo, por su puerta principal salen diversas personas, la mayoría portan papeles bajo sus brazos y los rostros serios y alegres se mezclan entre otros vecinos que por allí pasan.
Los últimos rayos de sol son aprovechados por las personas que descansan sobre los bancos que adornan el centro de la plaza. Un hombre de edad avanzada, con una boina marrón a rayas y apoyado sobre su garrote, pasea de un lado a otro. Su rostro muestra tristeza, desánimo.
Al fondo, junto al ayuntamiento, se observan pequeños grupos de personas. Algunas ríen, otras muestran enfado en sus caras.
Comienza a oscurecer, el sol desaparece, el frío aumenta conforme va muriendo la tarde y las chaquetas se dejan ver entre las personas que tienen presencia en el lugar.
Dos niños, de unos seis u ocho años, recorren toda la plaza jugando. A la altura de la fuente uno de ellos cae al suelo, ello produce un grito de su madre que se encuentra junto a la puerta principal de la iglesia hablando con otra señora. El percance provoca la alarma de todos los vecinos que se encuentran en la plaza. Finalmente, queda en un susto y el niño sólo tiene pequeños rasguños en las piernas. A pesar de ello, la madre, enfadada con el niño, abandona el lugar.

Ya es de noche y poco a poco la plaza se va quedando vacía, sólo el ruido de los coches la hace viva.
 

A menudo, las personas van y vienen, se aproximan a la plaza por las calles colindantes.En total son cinco las calles que nacen de este lugar.
 


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